Un estupendo libro de Miguel Ángel Huamán destaca la utilidad de la literatura para alfabetizar y, sobre todo, para desarrollar sociedades más tolerantes y democráticas. La virtud de un texto de divulgación es que coloca al alcance de las mayorías teorías y conceptos producidos por especialistas gracias a su lenguaje claro y didáctico. Así tenemos libros de divulgación en materia de ciencias experimentales y humanistas.Si no existieran este tipo de obras, llevaría años lograr una actualización efectiva de los conocimientos. De acuerdo a esto, podría suponerse que sus autores no pasarían de ser meros gestores de información, pero en realidad se trata de productores de conocimiento en vista de que, además de organizarlo, lo vinculan con la práctica cotidiana.
Miguel Ángel Huamán es un docente de la Universidad Mayor de San Marcos especialista en teoría literaria y análisis de textos a quien le preocupa desde hace tiempo la deshumanización de la formación educativa y la galopante desvalorización de la alfabetización lectora en colegios y universidades del Perú. Justamente uno de sus aportes es aproximar lo más moderno del pensamiento en lengua y literatura a la práctica docente.Su libro Palabras no cautivas. Ensayos sobre educación y literatura resulta un manual sobre los rumbos que ha tomado la enseñanza en este terreno, así como un compendio sobre lo que se debe hacer con la finalidad de acabar con prejuicios, mitos, pesimismos y falsas profecías en pedagogía literaria. El eje de su trabajo es que la competencia comunicativa no solo sirve para adquirir destrezas como leer, escribir y hablar, sino fundamentalmente para poner en práctica la capacidad creativa del lenguaje. Huamán se apoya en un comentario clave del novelista Juan José Millás: «…no se escribe para ser escritor, ni se lee para ser lector. Se escribe y se lee para comprender el mundo. Nadie, pues, debería salir a la vida sin haber adquirido esta habilidad básica».
A propósito de lectura, el autor cita a Simone, para quien no hay por qué alarmarse demasiado con el hipertexto, ya que las nuevas tecnologías no van a remplazar al libro. Se trata de un cambio de proceso: de la lectura lineal a la lectura simultánea (dos formas de inteligencia y de adquisición de conocimiento). Y nada más. El problema sería vivir en analfabetismo.
¿Cómo lograr que un alumno lea si el propio docente es absolutamente ajeno al hábito de la lectura? Su propuesta es la lectura como formación y la formación como lectura; propuesta en la que lo más importante no es el texto sino la relación con el texto, si afectiva mejor. Hasta ahora, la distancia entre la lectura y el texto tradicional (libro u objetos semejantes) ha generado lo que se denomina analfabetismo funcional. Los especialistas hablan también de un analfabetismo audiovisual, que a diferencia del primero es invisible, y consiste en la simple recepción de estímulos (auditivos e icónicos) que el usuario (¿homo videns?) nunca llega a entender del todo.
Pero el autor no se queda en el plano de la simple declaración y repetición de conocimientos, sino que propone lineamientos generales para realizar una propuesta transformadora. No obstante, es en el plano del debate de ideas donde su contribución es evidente. En realidad, su libro descubre que por cerca de dos siglos el sistema educativo peruano ha estado regido por una serie de metodologías y estrategias erradas cuya denominador común ha sido carecer del más mínimo sustento científico y real.
Lo primero que cuestiona Miguel Ángel Huamán es la falta de claridad por parte de los docentes acerca del concepto literatura. El que estos manejan es a todas luces obsoleto y reiterativo. Aclara que la concepción comunicacional (la que define lo literario como un uso del lenguaje) es lo más reciente y adecuado para la realidad educativa de nuestro país. Advierte que los modelos tradicional e instrumental lejos de haber desaparecido más bien gobiernan los procesos de enseñanza-aprendizaje.
Luego distingue dos modos de acercamiento al fenómeno literario: el saber técnico (sentir) y el saber científico (entender). De paso, critica duramente a quienes ocultan su pobreza intelectual con el argumento de que vivimos un cambio de paradigma educacional con la incorporación de nuevos métodos y actividades de aprendizaje. A estos falsos profetas los manda a aprender de la teoría deconstructiva, uno de cuyos indudables aportes es considerar a la educación como un terreno propicio para la indagación crítica, la concepción no lineal de la enseñanza y la humildad fundamental para que ocurra un diálogo fructífero entre profesor y alumno.
¿Por qué y para qué enseñar literatura? se pregunta Huamán. La respuesta a esta pregunta es sin duda el mejor argumento para rebatir la idea de los tecnócratas que viven convencidos de que la cultura no es tangible y, por lo mismo, no es factor de desarrollo: Se estudia literatura, entre otras cosas, porque lo estético-literario es un espacio democrático en el que nadie puede obligar a un lector a que le agrade un poema, un cuento o una novela en particular. El resultado del gusto — dice el autor de Palabras no cautivas. Ensayos sobre educación y literatura — no es determinista sino probabilístico. Si se aplicara esta perspectiva en el campo socio-cultural sin duda tendríamos un mundo menos individualista, sin autoritarismo ni dueños de la verdad; un mundo, en fin, donde se respetarían las diferencias.
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