Saturday, October 15, 2011

El estilo Jobs


Para lograr éxito, Steve Jobs usó dos estrategias: un estilo minimalista y la ilusión de que la  felicidad pasaba por al posesión de un artefacto informático. Las dos le dieron extraordinarios resultados.
Las manzanas mueven el mundo. La de Eva, por ejemplo, cambió la relación entre Dios y el hombre; o mejor: dividió al hombre entre el ser consciente y el inconsciente. La segunda, la de Newton (que todo apunta a que fue más una leyenda que una realidad) le dio un giro de 180 grados al conocimiento científico: los cuerpos caen por una fuerza gravitacional superior que los atrae. Y la tercera, la del mordisco emblemático introdujo una revolución en las tecnologías de la información: las computadoras son también fuente de belleza.

Con la muerte de Steve Jobs desaparece una época a la que él le imprimió un estilo y una estética muy per¬sonal. Los productos Apple son inconfundibles porque su estilo era inconfundible. A diferencia de Bill Gates, Jobs ponía mucho énfasis en el diseño y presentación de los productos. Jobs y Gates han sido para el mundo de las telecomunicaciones lo que Maradona y Pelé para el fútbol, lo que García Márquez y Vargas Llosa para la Literatura o lo que Sartre y Camus para la filosofía; es decir, modelos contrapuestos, maneras de ser, modos de imponer una visión de la realidad. Jobs por cierto no era un santo ni mucho menos un ser intocable.
¿En qué consistía el estilo Jobs? Si algo lo distinguía era el minimalismo que aplicó al diseño de computadoras, teléfonos móviles y tabletas digitales. Fue minimalista porque reducía sus creaciones a lo esencial o porque se declaró enemigo del ornamento. Las líneas suaves y las superficies limpias del iPhone o iPad son más que elocuentes. Se podría decir que detrás de su propuesta tecnológica había también una especie de reformulación de la vida moderna. Los aparatos creados por él proponían indirectamente una filosofía de vida que se centraba en lo importante y descartaba lo innecesario, lo cual proporcionaba en cierta forma una idea de felicidad. Millones de personas se acercaron a los productos Apple con la certeza de que su vida sería diferente o más reconfortante. Espejismo de la postmodernidad. Cantos de sirena del capitalismo salvaje.
Aunque el mérito de inventar no es exclusivamente suyo, bajo su batuta se crearon sin embargo una serie de herramientas sin las cuales la informática simplemente no existiría. Por ejemplo, el mouse, que es una especie de mano dentro de la computadora; el sistema de ventanas, que evitó que el tráfico informativo se convirtiera en un caos; y, sobre todo, hizo las cosas más fáciles a los internautas. Según su concepto, la manipulación de una computadora debía ser como la manipulación de un juguete: fácil y divertido. «Una computadora es una de las herramientas más sobresalientes que se han creado. Es la bicicleta de nuestras mentes», dijo en cierta ocasión Steve Jobs.
El impulsor del iPod, iTunes, iPhone y  iPad representa a la sociedad de consumo en su versión más exquisita y sofisticada, aquella de los ídolos que hacen fortuna de la nada. Bill Gates, Steve Jobs, David Zuc¬kerberger, Jack Dorsey —creadores de Microsoft, Apple, Facebook y Twiter respectivamente — representan en cierta forma la versión digital del sueño americano, aunque también los paradigmas de la tecnología al servicio de la banalidad. Es sintomático además que el ex líder de Apple haya sido hijo adoptivo de un obrero de Silicon Valley, el centro neurálgico de la tecnología digital de Norteamérica. Jobs hacía y decía cosas interesantes, sin embargo pocos conocen su faceta de hombre cruel, autoritario y ambicioso; esa parte que al imaginario colectivo le importa poco o lo considera solo un dato más de la leyenda.
Es curioso, pero al leer sobre el deceso de Jobs en los diarios, mi mente inmediatamente extrajo del fondo de su almacén la imagen de la computadora personal Macintosh de los 90. Esa cajita cuadrada de la informática se parecía a todo: a una caja de cartón, a un televisor de cocina, a una alcancía. Nadie imaginaba que ese año empezaba un largo camino que aceleraría el desarrollo humano, la utopía de las masas, la democratización del conocimiento y la construcción de la biblioteca universal.

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